Detrás de tu mirada

HISTORIA DE UNA PLANTA

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Captura de pantalla 2014-11-27 a la(s) 14.32.10Todas las casas de mi calle tienen un naranjo en la acera, menos la mía. Pregunté una vez al jardinero del ayuntamiento por qué mi casa era la única de toda la calle que no tenía un naranjo y me dijo que la razón era porque debajo del espacio que debía ocupar pasaban unos cables y unas tuberías y que las raíces se enredarían en ellos.

El caso es que al poco tiempo vi que empezó a crecer una planta con flores amarillas y rojas preciosas. Pero mira por donde, al cabo de un tiempo de disfrutar de ella, al salir de casa ví que había desaparecido, con lo bonita que era. Así que pregunté de nuevo al jardinero qué había pasado y me dijo que lo han arrancado ellos, que allí no podía crecer nada por el tema de los cable. Para asegurarse de que no saldría más cubrieron con los mismos ladrillos que el resto del acerado el hueco que en principio habían destinado para plantar un naranjo.

Como me dio pena que arrancaran una planta tan bonita, cogí un esqueje de otras que había en la misma calle y la planté en el interior de mi patio pensando que de allí no la arrancarían. Pero nada, no había manera de que agarrara y no lo entendía porque las demás que había en la calle no es que la cuidaran mucho, pero allí estaban, preciosas.

Entonces me fui a un vivero y compré las semillas. La sembré en buena tierra, la regaba cuidadosamente, tenía la misma orientación que la que había crecido fuera en la calle, pero nada no había manera, aquella planta no crecía. En vista de ello decidí llevarla al lugar donde trabajo a ver si con el cambio conseguía que saliera y así fue, empezaron a verse unas pequeñas hojitas. Por fin lo había conseguido.

Pues mi gozo en un pozo porque eso fue todo, de ahí no pasaba y mira que la regaba y la cuidaba. Ya cansada y, viendo que con la llegada del verano, las vacaciones, el calor tan intenso que hace en verano en Sevilla, no había nada que hacer, me rendí.

A la vuelta de las vacaciones sólo tenía un pequeño tallo seco así que decidí arrancarlo, sacar la tierra de la jardinera donde la había sembrado y rellenar con ella un pequeño arriate que hay en el patio. Y me olvidé de ella.

Cual no fue mi sorpresa cuando con la llegada del otoño y las primera lluvias veo que ¡empieza a crecer la planta! ¡Y de qué manera! ¡a una velocidad impresionante! ¡Con lo que yo lo había intentado y ahora salía sola!

Entonces empecé a observar con detenimiento su proceso de crecimiento y ahora, tres meses después, no sólo se ha convertido en una hermosa planta con flores rojas y amarillas, sino que me ha permitido hacer muchos aprendizajes.

He aprendido que a veces, aunque nos empeñemos, no es el momento, porque en la naturaleza, como en la vida, todo tiene su tiempo. También he aprendido que el potencial estaba allí en las semillas, pero como no las veía, no creía en ellas. También he observado que quizás la jardinera tenía poco fondo y las raíces no tenían espacio suficiente para arraigar y por eso no crecía. También me he dado cuenta de que cuando empezaron a salir las primeras flores, me fijé en ellas, les presté muchas atención, las disfruté, incluso les hice fotos, pero no presté atención a los incipientes botones que tenían el potencial para convertirse en flores y que también estaban allí. Por eso, me sorprendió ver a los pocos días que la planta estaba cuajada de ellos, pero que no se veían si no te acercabas lo suficiente, si no ampliabas tu mirada más allá de la belleza de las flores ya existentes.

Y me puse a pensar cuántas veces no nos ocurre lo mismo en la vida, en la educación de los hijos, con los amigos, con las parejas, en el trabajo…Que todo el potencial está en ellos, aunque a veces no lo veamos… que, a veces, les ponemos límites tan estrechos, expectativas tan concretas, que no pueden crecer… otras veces es cuestión de tiempo y de paciencia, de ampliar la mirada más allá de las apariencias, de ver lo que nosotros tenemos que aprender en esa situación, de abrirnos, en definitiva, a que la vida nos puede deparar grandes cosas si confiamos en ella, si dejamos que nos sorprenda con el potencial que hay en cada planta, en cada hijo, en cada hija, en cada amigo, en cada profesor, en cada… y aquí cada uno puede poner lo que quiera…

Ese hijo que parece que no sale de una cuando se mete en otra; esa hija que parece que es incapaz de aprenderse la tabla de multiplicar; ese trabajo que parece no llegar o que cuando llega no es lo que esperábamos; esa amiga que parece que nos ha dejado tirada; esa pareja que nos tiene ya aburridos con las mismas historias de siempre.

Esta planta me ha enseñado muchas cosas, pero una muy especial: que nuestro mejor futuro ya existe, lo que pasa es que la mayoría de las veces no somos capaces de verlo.

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