Detrás de tu mirada

El viaje de adopción desde la mirada de un niño.

Deja un comentario

Captura de pantalla 2014-11-17 a la(s) 18.17.05Indudablemente  la mayoría de las familias adoptivas recordamos el viaje en el que por primera vez abrazamos a nuestros hijos como el más emotivo de nuestras vidas. No importa si se tiene miedo a volar, o incluso pánico. En esa ocasión eso es lo de menos. No conozco ningún caso que pese a ese miedo alguien hubiera decidido no volar y que lo hiciera otra persona en su lugar. Con tranquilizantes, técnicas de relajación o con lo que sea, se hace el viaje y se vive con una intensidad inmensa. Claro que los mayores lo sabemos todo: que a partir de esos momentos vamos a compartir nuestras vidas con ellos… que es para siempre…que la sangre o la genética no es la única forma de convertirse en familia…

Pero, ¿cómo lo viven los pequeños? ¿Es tan apasionante para ellos, teniendo en cuenta que no nos conocen; no saben dónde los llevamos, ni por cuanto tiempo; ni siquiera saben cuando volverán si es que vuelven; además, no entienden nuestras palabras; les resultan extraños nuestros olores y sabores; escuchan ruidos raros y ensordecedores;  les pedimos cosas incomprensibles y desconcertantes; y así un largo etcétera.

Por eso me gustaría compartir con vosotros algunas de la vivencias de Yosef durante ese viaje. Yosef es el segundo hijo de Ana y Pablo, los protagonistas de Detrás de tu mirada. Quizás al verlo desde la perspectiva del pequeño nos resulte más fácil entender algunas cosas… o quizás todas.

“Ayer vinieron unas personas muy raras. Me he asustado y he salido corriendo. Nunca había visto a nadie así. Tenían un color muy raro, como la leche, una nariz larga y un pelo muy diferente al nuestro. Tenían también un olor extraño. Además, yo no los entendía. Venían con una niña como yo, pero que no hablaba como yo. Ella sí los entendía.

Hoy han vuelto. Ese mismo hombre dice que me tengo que ir con ellos, pero yo no quiero. Yo quiero ir con mi abuela. Y me he puesto a llorar. Han intentado consolarme y me han sonreído pero yo no quería entrar en el coche…

Llegamos a una casa muy grande y me quisieron quitar la ropa, así que me enfadé, aunque al momento me dieron otra. Lo que no entendí era por qué me quitaban la mía y me ponían otra, pero estaba tan cansado que simplemente me dormí. Cuando me desperté por la mañana volvieron a hacer lo mismo. Me quitaron la ropa que me habían puesto la noche anterior y me pusieron otra diferente. No había quien los entendiese. Con la niña hacían lo mismo y ellos también.

Después entramos en una habitación que subía y bajaba y cuando la puerta se abrió estábamos en un lugar muy grande con muchas mesas y sillas. Nunca jamás había visto tanta comida junta. Aunque todo tenía un sabor extraño, como tenía hambre me lo comía. El problema fue que querían que cogiera la comida con un pincho… En aquella habitación grande había personas con el pelo amarillo y los ojos del color del cielo. A mí me asustaban. Nunca había visto a nadie así.

Yo estaba todo el tiempo enfadado porque quería ir con mi abuela, así que lloraba y lloraba. Con la única que no estaba enfadado era con la niña, que me hacía reír con los juguetes. Entonces el hombre y la mujer aprovechaban mi buen humor y repetían una y otra vez hermana y la miraban a ella, papá y lo miraban a él, mamá y la miraban a ella. Entonces decían Yosef y me miraban a mí, pero yo no entendía qué querían decir.

A los pocos días dejamos aquella casa y fuimos a otra todavía más grande donde había muchas personas con cajas que tenían ruedas y que arrastraban como si pesaran mucho. Nosotros también las teníamos. Por una de las paredes se podía ver lo que había afuera. Miré y vi lo que parecía un gran pájaro, que me pareció muy raro. Nunca había visto nada igual.

De pronto se escucharon unas palabras, aunque nadie hablaba. Todos estaban muy atentos mirando a ningún sitio. Las palabras sonaban muy fuertes. Yo no conocía a nadie que pudiera hablar así y me asusté. Entonces se dejó de oír la voz, se levantaron todos al mismo tiempo y se pusieron unos detrás de otros con unos papeles en las manos. Ahora el hombre y la mujer se pusieron muy serios. Él me cogió a mí de la mano y ella cogió a la niña. A mí no me gustó e intenté soltarme, pero me miró a los ojos y dijo No muy serio. Yo no sabía qué le pasaba porque antes me había dejado corretear un poco si no me alejaba mucho. El caso es que todos empezaron a andar. Yo no sabía adónde íbamos y miraba a un sitio y a otro asustado.

Cuando todas las personas pusieron las cosas en ese lugar que estaba encima de nuestras cabezas, se sentaron y empezaron a atarse a sí mismas. Yo no quería que me ataran pero el hombre lo hizo a la fuerza. Aquello no me gustó nada, así que me enfadé y empecé a dar patadas y a llorar, tanto que me quedé dormido. Cuando me desperté algunas personas seguían atadas y otras no. Yo quise, entonces, desatarme y en esta ocasión me dejaron, no sé por qué. Entonces empecé a correr de un lado para otro del pasillo, hasta que apareció una mujer empujando algo y sacando de allí comida. El hombre me dijo que me tenía que sentar y entonces no me importó hacerlo porque tenía mucho hambre. La mujer nos dio a todos una tabla con unas cajas que tenían comida dentro. Además, también había un pincho y dos cosas más que no sabía para qué servían. ¿Me obligarían otra vez a usar ese pincho para comer?Había mucha comida, así que guardé un poco para cuando tuviera más hambre. El pincho venía en una bolsa, lo saqué y puse allí un poco de comida. Al principio me la quisieron quitar pero yo me puse a gritar y entonces me la dejaron. No la quise soltar en todo el tiempo por si acaso me la querían quitar otra vez. Hasta me dormí con la bolsa en la mano.

Un fuerte dolor de oídos me despertó y empecé a llorar. Entonces me dieron algo que era redondo y duro con un palo dentro, pero como yo no sabía qué hacer con eso, me acercaron la mano a la boca. Yo al principio me resistí porque no sabía qué era, pero cuando mis labios lo tocaron sentí que estaba dulce, así que me gustó y empecé a chuparlo, hasta que me lo metí definitivamente en la boca. Entonces me pareció que me dolían menos los oídos, con lo cual lo chupaba con más fuerza. El sabor era desconocido para mí, pero el hecho de que me dolieran menos los oídos cuando lo chupaba era motivo suficiente para seguir chupando y chupando cada vez con más fuerza.

De pronto, cuando más entusiasmado estaba con aquello en la boca que me quitaba el dolor de oídos, sentí un golpe debajo de mí que me asustó y al mirar por la ventana vi que el gran pájaro ya no volaba…”

Compra ahora la novela y descubre cómo fue la llegada a casa, la primera noche solo en aquella habitación, la incorporación al colegio, la relación con sus compañeros,  con los profesores, etc. ¿Cómo vivió Yosef tantas experiencias nuevas en tan poco tiempo? ¿Fue todo  fácil o hubo complicaciones? ¿Cómo gestionaron Ana y Pablo estas experiencias, que eran tan nuevas para Yosef como para ellos?

 

Click para comprar la Novela

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s